Santiago
de Cuba, 26 de julio de 1953. Domingo. Tocan a la puerta. Preguntan. No
es aquella la casa. Siguen. Con un poco de suerte la encuentran. Abre
la prima Teresa medio somnolienta aún y los hace entrar.A lo lejos se habían escuchado fuegos artificiales. ¿O serían disparos? A poca gente se le ocurre: lo más natural es que en medio de carnavales haya colores explotando en el aire, no “soldados que se fajen en el Moncada”. Dos de los Ferraz Pellicer explican a la prima algunas cuestiones; no todas, claro. Ella teme y no los deja salir a la calle. LEER MÁS
